Inmersiones: Y el GDF dijo “Hágase una Capilla Sixtina en el Zócalo”

Papa, tenemos una Capilla Sixtina pirata o El fin de las peregrinaciones
Por Humberto Morales Cruz

Los milagros ya no son necesarios: no hace falta que la montaña vaya a Mahoma, se puede hacer una réplica de ella; viene el Papa y en medio de la plaza de la constitución se levantará una Capilla Sixtina pirata. Muchos nunca hemos pisado las Europas, pero gracias al Gobierno de la ciudad de México y a un grupo de particulares, la fila para entrar a este insigne edificio la podremos hacer a pocos kilómetros de nuestras camas. La catolicidad, como todas las otras fes, está basada en su historia y tradiciones; una de ellas, profundamente enraizada, es el fetichismo. Las reliquias y las peregrinaciones que éstas atraían, y aún atraen hoy, son prueba de ello (véase día de la Virgen de Guadalupe). Dejando de lado la justificable indignación ante el desperdicio del espacio público y el despilfarro de tiempo y dinero que ― venga de donde venga― seguramente acarreará un proyecto como éste, evitando incluso explotar la veta humorística del asunto, queda una cuestión fundamental: la diferencia entre algo original y una
copia.

Sin duda la Ciudad de México es, y como chilangos lo aceptamos con cierto orgullo, una de las capitales mundiales de la piratería. Las réplicas de películas, discos y ropa “de marca” hallan su camino a una gran parte de los hogares en todos los estratos sociales. Sin embargo, incluso en esta ciudad en que todo es pirateable, hasta ahora, los monumentos renacentistas habían permanecido fuera del horizonte de los emprendedores de este rubro. No vemos que se vendan Taj Mahales prefabricados o palacios de Versalles del infonavit. Se puede aventurar que la razón de esto es que quienes podrían fabricarlos comprenden que la dimensión más importante del arte de estas épocas, lo mismo que de cualquier ícono de fe, no es susceptible a la copia. La Capilla Sixtina es ante todo una metonimia de la época en que fue edificada, de los valores y la manera de comprender la religiosidad que le eran propios. Incluso la palabra réplica, aplicada a este caso, es ya un síntoma de cierta penosa ingenuidad, pues reduce a mera técnica una de las manifestaciones de humanidad más relevantes de de la historia occidental.

Debería de haber alguna instancia ante la cual denunciar este tipo de atropellos a los derechos de autor. Si la puesta en escena de este proyecto no está en consonancia de los valores del arte ni de la fe, sólo podemos inferir que su verdadera motivación es el espectáculo, el entretenimiento fácil y estéril. El edificio “tipo Capilla Sixtina”, como dirían los vagoneros del metro, se levantará y quizá incluso esté “bien hecho” pero ni Miguel Ángel (bueno, Mancera) ni el espíritu renacentista ni Dios estarán en ella.


Del otro lado
Por Andrea M. Zárate

Viene el Papa a México y mis compañeros de Letras lo discuten como un mero asunto político que les es, además, completamente ajeno. Mientras tanto, mi familia se conmueve, emociona y alborota. ¿Qué hace un católico estudiando literatura? Yo no entendía la contradicción hasta el primer día en la Universidad cuando —durante seis horas seguidas— descubrí que creer en Dios era algo así como un chiste y la Iglesia Católica una institución merecedora de nada, sin derecho a réplica. No reclamo ni me ofendo, no después de cinco años. La fe es algo que madura en las personas, igual que las emociones y el intelecto, aprende a soltar lo que no le sirve, a fortalecerse con la razón y a no dejarse llevar por mero fervor.

Las ventajas de crecer en una Universidad que es la antítesis de todo lo que te enseñaron en casa son innumerables y van todas directo al sentido crítico. Cuando dos mundos tan disímiles se enfrentaron dentro de mí lo único que logré fue destruirlos por igual y paralizarme. Finalmente, no soy parte de ninguno y con mi intuición he recolectado lo que he querido; busco —más que autenticidad— coherencia. Con el tiempo dejé de tenerle rencor a la Iglesia por las faltas del pasado y entendí que no puedo hacer nada contra la existencia de tantos personajes hipócritas que se dicen consagrados a Dios. También aplaudo todo lo bueno que hace la Iglesia Católica actualmente y le tengo el mismo respeto que a mis papás. Trato, a veces de manera profunda y a veces muy superficialmente, de amar a mi prójimo como a mí misma. Al final, la fe católica, su Iglesia y sus figuras más famosas —tanto las buenas como las más perjudiciales— forman gran parte de quién soy.

Que Francisco venga a México me alegra; que vaya a Michoacán, aún más pues es la tierra en que nací y crecí, además de un estado con severos conflictos de violencia; sin embargo, la primera vez que escuché que harían una réplica de la Capilla Sixtina por motivo de su visita, deseé que mejor no viniera. No entiendo para qué gastar dinero —independientemente de la procedencia: erario público o cooperación voluntaria de los católicos— en crear una réplica de un original que el Papa tiene a cuadras de su casa. Entre coraje, risa y pena, eventualmente, me fue dando lo mismo y pensé que muchas personas que no tendrán la oportunidad de ver la Capilla Sixtina podrán ver esta réplica, espero, de buena calidad.

Del otro lado, ahí dónde éste podría no ser únicamente un hecho criticable, pregunté a algunas personas qué opinaban de que se instalara una réplica de la Capilla Sixtina ahora que viene el Papa.

Mi amiga ecuatoriana:

Es una manera de honrarlo, seguro costará muchísimo, pero es la manera que el humano, siendo imperfecto, tiene de venerar a Dios, digo, el Papa no es Dios, pero es su representación más cercana en el mundo y así el hombre le muestra su amor.

Mi mejor amigo de la prepa:

La verdad no estaba informado sobre eso, pero estoy de acuerdo porque esa Capilla es muy bonita.

Mi mejor amiga de la prepa:

No creo que sea necesario, en México está la Basílica de Guadalupe, se supone que por eso viene. Creo que mejor deberían darle servicio a la Basílica y sus alrededores, en vez de gastar en algo más que yo pienso innecesario.

Mi primer beso:

Pues no creo que les vaya a quedar mejor que la Basílica que ya está, se me hace un gasto absurdo.

Mi prima, la que alguna vez fue Miss Apatzingán:

Está padre, pero a la gente no le va a parecer. Es en agradecimiento por la visita y para fomentar la fe, supongo, aunque la verdad el país tiene muchos problemas que tiene que arreglar con urgencia. No digo que no sea algo bueno, pero por el momento tienen que atender muchas cosas que ya no nos dejan ni vivir.

Mi mamá:

Pues no sé para qué la van a hacer, pero si es para abrir la puerta de la Misericordia está bien.

Mi papá:

Qué padre sería. Es una de las obras, que tuve el privilegio de conocer, más bonitas de la humanidad y del cristianismo.

Mi hermana mayor:

Hm, no se me hace tan cool, podrían hacer algo más mexicano.

Mi hermano menor:

Ta’ bien, ¿no? Pa’ que se sienta como en casa, no sé ni cuál sea la Capilla Sixtina.

Mi tía, la favorita de toda la sobrinada:

Es una excelente idea, sería algo fenomenal. Para mí es uno de los lugares que más me ha gustado y es impresionante estar ahí.

Mi roomie, que es estudiante de economía en el ITAM:

Si la quieren hacer, que la hagan. No es dinero del erario público, no le afecta a nadie que lo hagan, es en un espacio público, es una obra de arte y como tal —independientemente de en lo que está inspirado— tiene cabida en este espacio.


Las incontables ventajas de una Capilla Sixtina
Por Francisco Carrillo

Gracias al honorable gobierno de la ciudad (de México), el Zócalo ha recuperado su carácter de plaza comercial, de punto de encuentro universal donde chicos y grandes se unen en torno al sano intercambio, la tasación de buenas oportunidades y la contemplación de maravillas llegadas de todos los rincones. Agradezcamos al equipo municipal las ferias del libro, de la vivienda, los bancos hipotecarios, la tecnología y el patinaje sobre hielo, así como los ejemplos que nos ofrece para ser emprendedores. El espacio simbólico de la patria y la bandera de México lucen orgullosos de poder rentarse al lobby con mejores relaciones.

Ya conocen la próxima cita: el Papa Francisco viene a México, momento idóneo para, en consonancia con el liderazgo municipal, construir una réplica de la Capilla Sixtina donde el pueblo pueda admirar, a miles de kilómetros de distancia, la maestría de Miguel Ángel Buonarotti. La idea sale de la cabeza, cual cuerno de un Moisés de mármol, de la regencia de la ciudad, que entre corredores comerciales en Chapultepec y malls en Coyoacán tiene tiempo, para esto siempre hay un hueco, de imaginar el no va más del reclamo turístico, la cumbre del kitsch desde Latinoamérica para el mundo. “El Papa se sentirá como en casa”, “es un mensajero de la paz”, dicen con cara de santo los apologetas de la stock option y la urbe-marca.

Mentes a las que no debe escapárseles, estoy seguro de ello, las posibilidades mercadotécnicas de su propuesta. Los ángeles y arcángeles, los justos y los probos, las imágenes de los profetas, del creador y los sabios clásicos podrían incluir patrocinios privados y, con ello, refrendar el sincretismo religioso de más rabiosa actualidad: católicos y neocons unidos en beatitud y espíritu evangelizador. Imagínense una bóveda poblada por sibilas vestidas de Zara o Mango, el pueblo de los elegidos gozando del nuevo plan Infinitum sin costo de instalación, un arca de Noé propulsada por petróleos Pemex o al mismísimo Dios con una bolsa amarilla del Palacio de Hierro. Con unos simples retoques  toda la instalación resultaría sufragada por el espíritu empresarial de una ciudad en camino a la salvación.

Desde esta humilde columna, aunque no de mármol de carrara, elevo una última sugerencia a las gentes de Mancera para que, como ya parece habitual, dejen que el pueblo se manifieste y refrende sus sagaces propuestas. Organicen una votación: Capilla Sixtina sí, Capilla Sixtina no, que introduzca un soplo de aire fresco en las decisiones eclesiales, ahora que el papa Francisco limpia de polilla los closets vaticanos. De esa forma, y desde la Ciudad de México para el mundo, se podrá ofrecer un ejemplo de democracia participativa y entusiasmo popular ante el ejercicio del voto consecuente.  Como todos sabemos,  las ventajas del proyecto son innegables, aunque siempre cabe la posibilidad de que algún desalmado (y mal cristiano), vote en contra.  Que caiga sobre él la condena de la patria y la furia divina.

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