Probeta: Lumbricidae

Por: Penélope Villicaña

Imagen por Andrea Zárate

Éste es un ejercicio de logo-rallye, una de las técnicas más importantes que los miembros del OULIPO utilizaron como catalizador para construir sus obras. El reto consistió en escribir un texto con las palabras de una lista determinada, éstas pueden observarse resaltadas en cada texto.

Ella mira un filamento que apenas surge de la tierra. Delgado y carnoso, parece un pequeño germinado, una estatua propia de las criaturas que viven en la tierra donde pone su rodilla. Después de años de experiencia, ella sabe que las lombrices se cuidan con las manos para no correr el riesgo de cortarlas con un objeto extraño. Es preciso aguantar verlas retorcerse, es una actividad sin recompensa. Un error común de los principiantes en la extracción de lombrices es creer que pueden lograr alguna victoria poniéndole números. A ellos está dirigida la siguiente frase: “palearás, si quieres, pero no podrás encontrarlas todas”.

Siempre terminan siendo más

que la última vez.

¿Quién entiende a las lombrices?

Sería mejor

recurrir a una sociología de los gusanos

para poder comprender sus relaciones.

Ella sabía de la necesidad de un método.

Si no podemos contarlas,

(¿qué pasa cuando una lombriz es cortada por el centro?

¿Cuál mitad alberga

la individualidad?)

al menos podemos especular

acerca de lo que pasa bajo tierra

porque

la cosa es que se reproducen,

una característica básica de cualquier sociedad

con necesidad de trascendencia.

Cuando era una niña le dijeron

que si cortas una lombriz,

las dos mitades se siguen moviendo.

Nunca lo intentó,

mucho menos después de enterarse

de la existencia del karma.

Su primer planteamiento sobre el estudio de los gusanos

empieza con un esquema espiral

donde la lombriz se adentra,

como cuando una niña excava

con una cuchara

dentro de la tierra

en busca de algo parecido al alivio.

Las lombrices saben que hay que profundizar

en el terreno más inferior

para encontrar ese lugar blanco,

un paraíso de lodo

que le acompaña después

-a la niña-

debajo de las uñas.

Su familia debió creer que todo el asunto era un jueguecito,

pasar horas en el jardín.

Ellos no hubieran podido enfrentarse

a ninguna tierra

con el miedo de la niña

con las agallas de la infancia.

Quizá fuera una infancia

garigoleada por situaciones complejas,

los grandes

con sus relaciones siempre ocultas como las de las lombrices de tierra

que ella sacaba en el patio.

Después de varias pruebas,

este resultó ser el mejor método para extraer al gusano:

1- Remover la tierra hasta intuir el paradero del bicho.

2- Con índice y pulgar presionar suave, pero con contundencia.

3- Jalar en dirección septentrional hasta haberlo extraído por completo, destruyendo de un tirón toda posible conexión con su vida, toda red y todo vínculo que —aún no lo sabemos— pudiera haber desarrollado.

Ella sólo quería mirar a las lombrices,

sostenerlas sin asco,

un paso más cerca que cualquiera de comprender lo que eran.

Un día, tratando de recrear con el objeto de estudio

sus posibles actividades bajo tierra,

aprendió con tristeza que con el sol se secan.

Guinda, un nuevo color para la muerte,

el color de la lombriz que quedó afuera

a medio día.

El rezago es la muerte de las pequeñas criaturas.

Los estudios no esclarecen todavía

los detalles de la vida pública de las lombrices.

Son pocos los datos,

todos de carácter empírico,

y hay un límite de horas que la niña puede dedicar a la investigación

antes de ponerse la pijama,

y tener que empujar a las lombrices hacia otra tierra

con menos consistencia.

Aún para una niña

onírico y oligoqueto

no pueden ser lo mismo.

En uno de esos sueños bajo tierra tuvo que crecer,

hacia arriba las hojas, hacia abajo las raíces.

Como en ciertos juegos,

en la vida se necesitan permisos especiales

para avanzar en diagonal.

Debieron hacerla beata en vida.

Nunca se ha visto a nadie tan compasivo con otros seres. De sus observaciones dedujo que quizá la cualidad que más conviene aprender de una lombriz cuando se crece es la de saberse deslizar, adentrarse o desplazarse con soltura en la tierra. Ella culpó a su calidad de vertebrada las dificultades en este terreno. Siempre supo que los insectos son seres superiores. Las mismas lombrices nos superan en muchos aspectos, ellas descubrieron antes que otras especies que la horizontalidad es la mejor manera de existir. Ella se dio cuenta muchos años después, un día que, recostada en la cama, no tuvo ganas de salir corriendo. De esa manera encontró su lugar natural en este mundo. Ah, las posiciones. Mientras más pasa el tiempo, más se encuentra en la mente de algunos ese tema lacrimoso. ¿Quién soy y qué hago aquí? Por eso ella se lanzó en los brazos de su fe. No bromeó jamás con su entera dedicación a las lombrices. La vida no es vida sin poder pasar horas metiendo las manos a la tierra, madre de todas las madres. Una vida dedicada a las lombrices tiene que tener en cuenta lo siguiente:

Los últimos serán los primeros

Los últimos serán los primeros

Siempre serán los últimos y los primeros. Ella lo supo toda su vida. He aquí la última página de su más importante obra, Sociología de los gusanos: apuntes sobre las relaciones entre lumbrícidos:

Gracias especiales a todos aquellos que interpretaron junto a mí la primera sociología de los gusanos y a todos aquellos que, como yo, llevan a las lombrices en el corazón y hasta en el armario.

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