El individuo y su hechura

¿El individuo es una creación o ha surgido por su propia falta de división? Esa es la pregunta para continuar cierto debate en torno al futuro de las ideas políticas para el siglo XXI. La aparente tensión entre “individuo” y “sociedad” ha oscilado múltiples veces en la historia. El siglo XIX lo vio en las ideas de Hegel y su debate con la filosofía liberal clásica, el siglo XX lo vio en Rawls, Sartre, entre otros. ¿Cómo continuará en el siglo XXI? Es posible que en el actual debate en torno a la relación entre privacidad y seguridad cubre al menos un aspecto que será relevante para el siglo XXI.

Para comprender el impacto del así llamado ciber-espacio, no podemos dar aquí más que unas breves notas. El verdadero antecedente de la discusión actual está en una vieja tarea de la organización social. Uno de los dilemas de la sociedad ha sido idear una manera de identificar personas específicas. Un “Estado” (o entidad gobernante, comprendido muy grosso modo) tiene que ser capaz de distinguir a los suyos; desde marcas, roles y documentos, parece que la identidad personal se construye al localizar al sujeto. El nombre propio (Juan, Pablo) es un ejemplo de ello. Primero, no es un nombre “propio” en el sentido que ser una posesión; ha sido puesto por alguna entidad fuera del individuo, y puede ser revocado por alguna otra entidad de la misma. Uno no posee su nombre, de manera que para poder llamarse a sí mismo de otra manera, hace falta negociar con la sociedad y las leyes que la gobiernan. Segundo, los elementos que conforman el nombre de una persona no están hechos para sugerir algo de la persona en cuestión. Los apellidos refieren a los nombres de la familia y a su historia (Smith – herrero).

Esto persiste. En épocas previas a un sistema suficientemente eficaz de registro civil, sólo bastaba con cambiar de ciudad para poder abandonar la identidad previa. Ese era el básico instrumento de los criminales; en otro pueblo no conocen su rostro, su familia o su oficio, por lo que adjudicarse un nuevo nombre, antecedentes, y otros marcadores de la identidad, es posible. En ese caso se puede iniciar la identidad desde cero, mas se carga con el peso de ser descubierto, o que las mentiras pierdan su consistencia y revelen al autor… Cabe constatar que, incluso en semejante situación, la identidad, aunque sea reconstruida por el mismo individuo, se hace con la interacción social en mente.

En su maravilloso Historia de la identificación de las personas (Ariel, 2012), Ilsen About y Vincent Denis trazan una genealogía de las herramientas, medios, tácticas, estrategias e ideas para identificar a las personas. En la obra se hace presente un tema central: la identidad se construye a partir de los medios dispuestos por la sociedad, y éstos a su vez dispuestos por el “Estado”. Un momento clave para esa historia es la constitución del Estado tout court: la autoridad secular del Estado moderno busca consolidar su control sin intermediarios feudales (el libro tiene como foco a las instituciones que nacen en Europa, luego trasladadas al mundo) o eclesiásticos. Por ello, acuña «claves» propias para identificar personas. El rostro y el domicilio pasan al centro de la identificación por la autoridad desde el siglo XVII en adelante. Con ello en mente, es difícil no pensar en las obras de John Locke, Immanuel Kant o el mismo Hegel sobre el sujeto sin pensar en los cambios epocales en las ideas de la identidad, ejercidas en la realidad cotidiana.

El libro de About y Denis concluye con las nuevas herramientas y medios para identificar personas en el mundo digital. En su irrupción, encuentran que las posibilidades de la Internet y el medio digital abren una siguiente ruptura, ahora volviendo banal la identificación de la persona por la imagen (ahora convertida en avatar en el ciber-espacio), y haciendo necesario dotar al individuo de un nuevo aspecto definitorio en la época de su dispersión virtual. Leyes para ejercer el uso del nombre real (sea lo que sea eso) en perfiles de Facebook ya son una realidad.

No obstante, la tarea de pensar las repercusiones de la era digital en la identidad personal sigue sin estar conclusa. Aunque fue cubierta de manera amplia por los clásicos de la ciencia ficción cyberpunk (William Gibson, Phil K. Dick),  La neurociencia, la ergonometría y otras disciplinas del umbral científico actúan para cubrir la demanda de lograr una nueva certidumbre. Es probable que, al hacerlo, dotarán al individuo de un nuevo aspecto por el cuál verse determinado, y a través del cual concebir sus derechos y libertades. La cuestión de la privacidad es señal de ello.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *