Hacia el siglo de las mujeres

Imagen tomada de VICE

¿Será el siglo XXI el siglo del ascenso del género femenino, por encima de las barreras puestas por siglos de discriminación? Primero, dos problemas conceptuales, luego, tres notas sobre dónde estamos y a dónde vamos en este tema. Y, finalmente, dos pensamientos sobre la respuesta de los hombres (heterosexuales, cis, ante todo no convencidos). Haré un esfuerzo consciente de evitar hacer esto una larga sesión de mansplaining, aunque de salida no estoy seguro que tendré éxito en eso.

Dos problemas

  1. ¿Qué es el género? Ya van más de cien años que el concepto de género fue introducido a la época crítica, de madurez filosófica, al indicar su naturaleza: artificialidad amparada por torturadas justificaciones biológicas (cfr. el racismo científico). De Simone de Beauvoir (y antes) hasta los cerca de 900 programas de gender studies de hoy, se ha visto el ascenso de miradas hacia el género más allá de la tradición y la postulación de la servidumbre femenina. Una consecuencia de ello es que al concepto de género y de sexo no se les puede tratar ya como condiciones incontrovertibles, con respectivos resultados para las políticas públicas, etc.
  2. ¿Es posible construir instituciones post-género? Sí, pero imaginarlas, ya ni hablar crearlas, será un desafío. La observación que han existido sociedades matriarcales, en lugar de patriarcales, no necesariamente se traduce en las tareas presentes. Una consecuencia del surgir del género como concepto en controversia es que ahora demanda una mirada crítica (de nuevo, de la madurez filosófica) hacia su papel en la sociedad, hacia su materialidad concreta. Parte de esa materialidad ha sido asentada y hecha viable por su afirmación en las reglas -formales, pero ante todo las informales- que gobiernan la sociedad, las instituciones.

Dónde estamos

  1. Importante: entre la servidumbre de (más) de la mitad de la humanidad encarnada en el género femenino a inicios del siglo XX, a las formas actuales de dominación, hay una brecha. La materia dispuesta para el orden de las instituciones patriarcales se organiza y reorganiza según el estado de la coyuntura. Después de las olas feministas de la primera a la cuarta (?), las formas de dominación han permitido algún lugar de crecimiento donde antes había nada. Los Simpsons capturan la ingenuidad que ha sido expuesta en este, lento, tortuoso tránsito: el comandante militar se da cuenta de lo lejos que han llegado las mujeres ahora que incluso pueden ser conductoras de automóviles. El viejo dilema persiste: ¿reforma al sistema o revolución? ¿Alcanza otro siglo de reformas para acabar con la hegemonía? ¿Tenemos otro siglo para dar?
  2. Lo que evidenció #MiPrimerAcoso es que el acoso no discrimina por edad, clase social, color de piel o estado civil. En su ejecución, es la forma más pura de discriminación, liberada de todo tipo de nexo con instituciones pues no emplea más que los medios del cuerpo para realizarse, y las justificaciones del discurso patriarcal para ampararse. Si el anti-semitismo es la ideología más pura (esto es, más liberada de malabares argumentativos, la formación de una lógica de pensar sin más es su objetivo, cfr. Žižek), el machismo es la agresión más pura (esto es, más liberada de malabares argumentativos que la justifiquen, como auto-defensa o violencia-como-medio; la agresión sin más es su objetivo).
  3. Si algo ha hecho al feminismo hoy adquirir una nueva dimensión radical es en parte causa del relativo descenso de los hombres. Un siglo de búsquedas y luchas por la liberación de la mitad de la humanidad de facto servicial, ha producido el deseo de emular su éxito y su trayectoria por parte de los que pierden o ven amenazados sus privilegios. Men’s Rights Activists, neo-nazis y grupos extremistas suelen compartir más de lo que parece. En corto, la apropiación del “lenguaje de lucha social” y depredar gente vulnerable.

Dos pensamientos dirigidos a los hombres no convencidos

  1. El feminismo aspira a la emancipación de la humanidad, punto. Quien les diga que tiene algo que ver con que las mujeres quieren hacer a los hombres lo que los hombres hacen ya a las mujeres, les está mintiendo.
  2. La verdadera pregunta para nuestro género es el dilema en torno a la posición de ser aliado. Si la meta es no apoderarse de un movimiento y abonar positivamente a él, a veces la mejor opción es sólo esforzarse por no estorbar, y tomar en serio lo dicho. La marcha del 24 de abril promovió la alianza, y probablemente eso es lo mejor. Queda como su decisión.

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