Función mágica

 

Se abre la redoma

Trabajar en un cine desarrolla cierta antipatía por la palabra “función”. Al escucharla, las cócleas retumban. Bueno, quizás exagere, pero lo que es un hecho es la fuerza con la cual golpea. En mi caso es un golpe en la espalda. “¿A qué hora empieza la siguiente función?” En ese momento saco mi papel con los horarios impresos, le comento a mi compañero los datos y vuelvo a mis tareas habituales, pero la idea de que algo se ha ido repitiendo durante mucho tiempo no me deja. Resulta lo mismo practicar el ejercicio de lectura por mera inercia, llega cierto punto de inmovilidad ideal, ya no te preocupa ni siquiera la intención del título, lo que Barthes llamó “tornillo atascado en el engranaje simbólico”.

“¿Qué función tienes a las ocho?” Y ahí vamos de nuevo, a buscar el papel con los horarios. El contenido de esa pregunta me hace pensar en La Montaña Mágica de Mann. Sólo con una ligera diferencia prepositiva: el “mundo de arriba” habría que cambiarlo por el “mundo de adentro”.Cuando entras y sales del trabajo puedes sentir el cambio. La entrada a laborar siempre representa un esfuerzo aparte, mientras que la salida significa liberación. La entrada se convierte en el tiempo lento, mientras que la salida se convierte en tiempo rápido, o viceversa. Para los que manejan un punto de venta la salida se convierte en un ritual lento. Se espera por el corte de caja, después los tesoreros cuentan, segregan cantidades, te informan cuánto vendiste y finalizan solicitándote tu ingreso de charola impreso. En gerencia, la espera puede ser indefinida. Platicas un rato con algún compañero, otro descansa crudo en el piso, hay variedad. Después de que los tesoreros hayan realizado tu corte de caja puedes pasar a firmarlo, y repentinamente comienza a llegar una sensación de tiempo rápido.

En cambio, los que se desarrollan en labores como ‘cuidador de piso’ sólo pasan a tesorería y piden el cambio de credencial para el préstamo de un radio, o credencial por credencial, sólo en caso de que entre otro turno. En las dos situaciones el tiempo de salida es rápido porque no hay otro trámite que cumplir.

El azar también juega un papel importante en un cine. En una ocasión se me acercó un pareja de ancianos,  y me preguntaron qué asientos correspondían para la función de las seis. Los invitados (así debemos llamar a los clientes) no sabían indicarme el número de  la sala que se encontraba impreso en su boleto. Dejé que el azar hiciera su parte y les indiqué una sala diferente. Por supuesto no se quedarían a esa función, pero saldrían de inmediato para liberarse de un contenido, de un elenco, de un tiempo lento. De lejos los observé entrar a otra  sala, y me dirigí a los casilleros con la intención de liberarme de todas las funciones. Esa pareja ya saldría confundida, directo al tiempo rápido, al mundo de adentro, a la escena eterna con anuncios publicitarios depositados en las marquesinas o en las alturas.

 

Se cierra la redoma

 

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