Soliloquios: Dos poemas de Andrea Alzati

Por: Andrea Alzati

Imagen de Manolo Marcos

 

La casa está dentro

con el tiempo

lo digo como si tuviera más de cuarenta años

pero en realidad tengo poco más de veinte,

he notado que es más fácil decir cosas sobre la muerte

que decir cosas sobre el amor

 

también digo tiempo

como si supiera

 

por eso hoy digo casa aunque no sé tampoco

pero a mis poco más de veinte prefiero decir

cosas sobre la casa que decir cosas sobre el amor

 

hablar de muerte, a mis poco más de veinte

y sin haber llorado nunca la muerte de nadie hasta el cansancio

no me está permitido

 

hoy digo cosas sobre una casa

digo que la casa está adentro
la casa está adentro de la luz
o es la luz la que se mete en la casa

 

hoy digo sin temor a equivocarme

qué sencillo es dibujar una casa

qué sencillo es mirar la luz

qué sencillo es mirar la luz entrar a la casa

qué sencillo es mentir sobre los bordes de la casa

 

de niña mentí, no tenía un perro amarillo

de niña mentí, no había una alberca en la casa,

mentí, el sol no sonreía arriba de la casa es natural

que después de dibujar tantas casas quiera yo también ser una casa

 

digo que la casa está adentro

digo que la casa también duerme en el cuerpo

digo sin temor alguno a equivocarme

que soñar es recurrir a los gestos secretos de la luz

que sólo en sueños

que sólo en la casa de mi casa puedo ver

 

ya lo he dicho antes,

quizá con algo de temor

a equivocarme

la casa está encendida

 

viajo a la velocidad de una casa encendida

en realidad no viajo nunca en realidad

también me quedo inmóvil a la velocidad de la luz

a la velocidad de una casa

a la velocidad de una casa inundada de luz

 

pero digo sin temor a equivocarme

aunque con algo de temor a repetirlo

conocí el desierto

conocí la muerte de un caballo blancoen el desierto

(¿decir sobre la muerte de un caballo es decir sobre la muerte?)

 

el caballo no estaba muerto, moría, estaba muriendo

dos tal vez tres niños miraban al caballo blanco morir frente a sus ojos y

el caballo no tenía un ojo

su ojo era una ausencia de ojo

su ojo era un orificio de ojo

un hilo de sangre de ojo

 

y yo también había perdido un ojo

pero no estaba muerta

aunque tal vez moría frente a sus ojos también

decir que vivo es decir que estoy muriendo

decir que no era un caballo

decir que era blanca

decir que estaba en el desierto

decir que tenía temor a equivocarme

y tenía temor a repetir que conozco el desierto

 

digo la casa está adentro

encendí una luz dentro de la casa

encendí una escalera dentro de la casa

apagué una luz

encendí una luz

encendí una casa

encendí una escalera

 

digo sin temor a decir que una casa es un cuerpo de luces que se encienden

un cuerpo de esquinas que se encienden la casa

es un cuerpo de luz

una casa se mete a otra casa toca la luz de

otra casa las esquinas de otra casa

los dedos de la luz son largos

los dedos de la luz tocan mi casa

los dedos de su casa de su luz tocan mi casa

 

digo sin temor a equivocarme

digo sin temor a decir

digo sin temor a repetir que

 

con el tiempo

con el tiempo

que son poco más de veinte años sin temor a equivocarme

con el tiempo olvidamos tocar las paredes de la casa

con el tiempo qué pensarían

si tocara las paredes de la casa

sin temor a equivocarme

 


 

Anatomía del huevo

 

habría que pensar
que el huevo
se fue quedando
quieto
poco a
poquito.

que se fue recogiendo
en sí mismo
hasta un punto
en el espacio.

habría que
imaginarlo
encerrándose
en la palabra
absoluto.

rodando caóticamente hasta el asombro de sí mismo.

habría que
pensarlo
derrotado.

quieto en
su propia
arritmia.

afinando
los detalles
de su locura.
cerrando
los bordes
de su cuerpo.

habría que escribir al huevo fijo en la palabra.

pensar que está
dispuesto a morir.
asido a su mortalidad.
temblando
en un precipicio
interior.

inmóvil en el borde de una continuidad inaccesible.

habría que pensar
en el huevo
como un hábito
inalterable.

pensar que se oculta
en un órgano
que quizás es una extensión del viento
o que el viento es
una extensión del huevo.
habría que caminar alrededor del huevo.

imaginarlo como
la peor de las catástrofes.
mirar la fatalidad
de su parálisis.

habría que
confirmar que el huevo
no está a punto de estallar
o que ha estallado ya,
hace miles

de millones

de años.

asegurar que
debajo de él
hay una sombra.
calcular los movimientos de la sombra.
medir  los gestos de la sombra.
inclinarse hacia la sombra.

habría que pensar
en un huevo
diminuto.
atendiendo
cada instante
de su quietud.
abrumado
por el vaivén
de la vigilia.

habría que pensar que
el huevo es
una confesión
de la materia.
habría que
abandonarlo
lentamente
dejarlo en
la tierra
con la debida
ternura.

 

One thought on “Soliloquios: Dos poemas de Andrea Alzati

  1. Soy el papá de Joaquín. Me hizo el favor de compartirme estos textos. Me quedé maravillado. Siempre he gozado la buena poesía. Mis favoritos son Whitman, Pessoa y la Emily Dickinson, entre otros. No cantas mal las rancheras. O las poesías. Felicidades.

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