Atlas: “El proscrito involuntario”. Variaciones sobre la vida ausente

Por: Fabrizio Cossalter

Imagen por Daniel G. Moreno

1) Paolo Milano nació en una familia judía de Roma en 1904. Fundador de uno de los primeros teatros de vanguardia de la capital, entre los años veinte y treinta colaboró con las más importantes revistas literarias y teatrales italianas. Formó parte del reducido grupo de intelectuales que rechazaron cualquier forma de acomodamiento con el régimen fascista. En 1938, después de la promulgación de las leyes antisemitas, tuvo que exiliarse, primero a París y luego a Nueva York, ciudad en la que vivió hasta su definitivo regreso a Italia, en 1957. Destacado intérprete de los valores artísticos y literarios de la civilización europea —escribió artículos y ensayos para «The New York Times», «The Nation», «The New Republic»—, fue profesor de historia del teatro en la New School for Social Research y catedrático de lenguas romances y de literatura comparada en el Queens College. Crítico literario prestigioso e influyente —tras su vuelta a Italia ejerció la crítica desde las columnas del semanario «L’Espresso» durante casi tres décadas—, Milano murió en su ciudad natal en 1988. Entre sus papeles fue hallado un extraordinario «diario del exilio», publicado póstumo con el título de Notas al margen de una vida ausente [Note in margine a una vita assente, Milán, Adelphi, 1991. Las traducciones son mías].

2) «Los intelectuales que parlotean en contra de la mecanización de la sociedad no se dan cuenta de que organizan su propio trabajo, e incluso sus pensamientos, de la manera más funcional».

«A esa “hipertrofia del sentido histórico en nuestro tiempo”, que lamentaba Nietzsche, sucedieron, a lo largo del siglo XX, por un lado la atrofia, por el otro la vulgarización y la falsificación pragmáticas».

«El mito de la normalidad, sobre millones de americanos, tiene el efecto de un veneno. Buscan en cada campo y en cada acción la “sanidad” (una sanidad estadística, por lo tanto continuamente huidiza, y al fin y al cabo un ente metafísico), que falsifica las raíces de la vida moral. En la vida americana, la idea de higiene (física, ética, afectiva) tiene una función mágica; así pues, esta pasión por la normalidad, de la que el individuo se vuelve esclavo, con esfuerzos inhumanos, es ella misma una enfermedad».

             El exilio, el desarraigo, la imposibilidad del regreso representan, para Paolo Milano, la condición existencial más característica de la época contemporánea: obligado, como muchos intelectuales judíos y antifascistas, a un largo destierro, en Estados Unidos no encontró sino otra variante del weberiano desencantamiento del mundo, otra dictadura, más sofisticada y menos letal, pero profundamente perniciosa para la «vida ausente» de quienes apenas habían logrado sobrevivir, fantasmales y caducos, a las acometidas de la historia. Su testamento literario —un espléndido collage de apotegmas, anécdotas, retratos y pequeños relatos— afronta la «enfermedad moral de nuestro tiempo», destinada a derribar los cimientos de la cultura europea, que «ya nadie quería usar» (Roberto Calasso) y que estaba a punto de volverse obsoleta e inservible frente a la irresistible hegemonía del American way of life. El intelectual italiano pudo observar in vivo el creciente dominio de la industria cultural, la estandarización de las costumbres y de las mentalidades y la colonización del imaginario por parte de la publicidad. Derrotado, mas no rendido, como Theodor W. Adorno se dedicó a redactar su peculiar Diccionario de lugares comunes, desplegando su agudeza de libertino escéptico en contra de la bêtise que amenazaba la existencia dañada e inerme del «hombre sin mundo», perdido en una realidad inhabitable, apocalíptica y banal a la vez.

3) «¿Mi sensibilidad está exaltada? Entre el horror de un bombardeo de saturación y el torpor que inyecta una transmisión televisiva, yo percibo cierto nexo».

«UN VETERANO CUALQUIERA. Yo soy un sobreviviente, más bien un mutilado, de las dos máximas campañas ideológicas de nuestro siglo: el marxismo y el psicoanálisis. Dos doctrinas de gran alcance histórico, que contienen irreprimibles motivos de verdad, mas falsas en la sustancia y deletéreas como sistemas. Regresé de las dos guerras (emboscado en ambas) con dolores en los huesos y ya incapaz de sujetar un fusil, cualquier fusil».

«Para el escritor americano con el que he pasado la noche, escribir es una ingeniería superior, que requiere ante todo energía y competencia; la fantasía y el estilo son elementos que hay que dosificar de manera adecuada, según lo que sugiere la técnica».

«La pasión de ciertos eruditos por las cosas mínimas de la cultura y de la historia es tan genuina que termina, hoy en día, en su anacronismo, por sugerir la vida y su antiguo sabor, mucho mejor que el compromiso todo cerebral de los ideólogos, que esgrimen sus claves del universo».

«Fobia de los americanos hacia toda forma de pesimismo. Ser melancólicos significa ya declararse culpables».

             No hay trama, ni engaño, en este dietario del extrañamiento, que relata el ocaso de la experiencia y la falta de fe en cualquier sistema filosófico e ideológico. Bartleby por omisión, flâneur por vocación, Paolo Milano encontró en la «brevedad feliz» (Carlo Dossi) y en el «respiro largo» (Karl Kraus) del aforismo su específico estilo de pensamiento. Para el «proscrito involuntario», corroído por el miedo a perder su lengua materna, el fragmento pointilliste fue la fatiga diaria que le revelaba el fracaso de sus intentos de afilar una escritura ya herrumbrosa. Para nosotros, en cambio, estos pecios sobrevividos al naufragio del siglo XX representan la paradójica revancha póstuma de un lúcido moralista, cuya inteligencia, siempre penetrante e irónica, logra plasmar una visión del mundo herética y anticonformista, felizmente idiosincrásica y radical.

4) «Por primera vez, quizás, desde que vivo o razono, en estos días las circunstancias me obligan a vivir de manera responsable: en fin, estoy condenado a ser serio».

«¡Qué difícil es descubrir de qué realidad ciertas novelas extranjeras son la falsificación!».

«Gustosa y atinada resulta la palabra inglesa middle-brow (a medio camino entre high-brow y low-brow, todas fundadas sobre la metáfora de la altura de la frente), para designar un intelecto de medio pelo, que se alimenta de pensamientos semielaborados».

«Demasiados jóvenes inteligentes, que voy encontrando, son maravillosamente invertebrados: listos para asumir en cada momento la manera más útil, en vista de un objetivo o de otro. Hay algo peor: esta ductilidad, percibida como natural, les parece la forma de vida más sabia».

«La próxima guerra universal que, en este amanecer de la segunda mitad del siglo, parece no improbable, es una cosa monstruosa también porque, si el mundo se resignará a padecerla, será por la mentecata ilusión de que se trate de la prueba suprema y del evento definitivo».

         «La decadencia del pensamiento sistemático —ha escrito Carlo Ginzburg— ha sido acompañada por la fortuna del pensamiento aforístico. […] La literatura aforística es, por definición, un intento de formular juicios en torno al hombre y a la sociedad sobre la base de síntomas, de indicios: un hombre y una sociedad que están enfermos, en crisis». En tal sentido, el punto de vista abiertamente subjetivo de Milano —cuyo «libertinismo sin ilusiones» es a la vez existencial y filosófico (Filippo La Porta)— se convierte en una anamnesis dedicada a dibujar el perfil de las patologías que afectan al mundo contemporáneo, máxime la inautenticidad de la vida, desplazada y fuera de lugar.

5) «A propósito de nuestra actual repatriación, T., que vivió lejos de Italia los mismos años que yo, notaba: “Creíamos regresar a casa y, en cambio, otra vez, hemos ido al extranjero”».

«¿Por qué en Florencia soy menos infeliz que en Nueva York? Porque el tiempo, aquí, no es la única dimensión de la vida, las angustias personales se matizan en la naturaleza o se reflejan en el arte y la amenaza del futuro es leve, pues el pasado está tan presente».

«Me dice Nicola: “¿Cómo me siento, aquí en Nueva York, ahora que he regresado? El hecho sencillo es que la vida de aquí es sin color, y parece sin sabor. Cuando llegamos aquí por necesidad (porque allí no podíamos estar), soportábamos América más levemente. Sin embargo, ahora que ya no estamos obligados, vivir aquí de propósito parece bastante insulso. Está bien, en Europa la vida es aplastadora…”, etcétera».

«Mi confusión entre dos continentes, dos modos de vida, etc., dificulta la sinceridad tanto en la escritura como en las relaciones humanas».

«Ya soy el exiliado perfecto: logro expresar solamente sentimientos privados, dibujar personajes suspendidos en el aire, concebir ideas abstractas. Dentro de poco yo mismo en cuanto persona me volveré abstracto, seré un yo burocrático, un documento».

          La experiencia del exilio se enquista en la textura de lo real y genera esa atracción hacia el abismo que deriva del derrumbe del conocimiento, del hundimiento de la totalidad del sentido y de la brecha abierta entre el lenguaje y la realidad, entre las palabras y las cosas. «Hombre a fragmentos» (Mario Andrea Rigoni), como Leopardi y Nietzsche, como Benjamin y Cioran, el autor relata en estas páginas su paradójica y nabokoviana «historia de amor» con América: en la época del capitalismo maduro la plenitud se ha desvanecido y ha dado paso a la vida anónima y prefabricada de una «anarquía de átomos» sometidos a un incognoscible principio de indeterminación. La «espuma de la tierra», arrastrada hasta Estados Unidos por la oleada de los totalitarismos, encontró tan sólo cierta sensación de irrealidad, de caminos extraviados, de atribuciones erróneas. Y se trató de una catábasis sin redención y sin regreso posible, cuyo trágico contrapunto es representado por los suicidios acaecidos en la comunidad de los prófugos europeos, por las existencias fallidas, por las soledades desamparadas. El exilio llegó a dibujar en el inconsciente de Paolo Milano, día tras día, año tras año, los trazos movedizos de una geografía imaginaria, la de una Heimat desaparecida para siempre. Perennemente acechado, como decía antes, por «la más tormentosa entre las angustias del cosmopolita» (Silvio Lanaro), el miedo a perder el idioma materno, tanto más grave para un escritor, el «literato fingidor», que hubiera deseado nacer en el siglo de la «cultura de la conversación», tuvo que vivir alrededor de un vacío —la crisis terminal de la civilización europea—, intentando sin éxito hallar una respuesta al interrogante inaugural del Witz yiddish recogido por Claudio Magris: «¿Lejos de dónde?».

6) «Mi receptividad es espantosa. Registro como un barómetro todo lo que me llega desde afuera, no me doy cuenta de que lo he absorbido capilarmente, sin teñirlo siquiera de mi color. Y soy vibrátil y vacío como una hoja de plata».

«Hoy he oído, así como la transcribo, esta condena de mi modo de ser, que me ha hecho temblar: “Deja de utilizar tu escritura como una coartada para una vida vergonzosa, y las circunstancias de tu vida como un pretexto para no escribir. ¡Abandona por lo menos una de las dos ficciones! Serás menos repugnante”».

«A veces, tras haber constatado nuevamente el fracaso de mis aspiraciones de escritor, termino por sentirme tranquilo a mi pesar. Es una indiferencia siniestra, de quien se retira en alguna menuda satisfacción. ¿Se puede de verdad renunciar al sentido de la existencia (para mí, la escritura) y, sin embargo, seguir viviendo sin horror, e incluso con alivios ocasionales? ¿Y es concebible que al final yo pueda ser despojado también de los placeres pequeños y perpetuos y esté satisfecho de vegetar?».

«Perder la única copia de unas notas escritas para uno mismo significa comprobar que incluso el caso intenta convencernos de que de la vida no queda nada».

«Hojeando mi lóbrego diario, me doy cuenta de que las grietas de mi carácter se revelan con insidiosa claridad, menos en los temas recurrentes que en las repeticiones involuntarias».

«Ennegrecer las páginas de este diario es una actividad tórpidamente útil para no hacer algo peor, como mascar un chicle o chupar un puro».

          La obra de Paolo Milano parece vivir hasta las consecuencias más extremas esa «huelga del personaje-hombre» sobre la que Giacomo Debenedetti escribió páginas fundamentales: «Dios ya no existe, y sin embargo le quedó la costumbre de jugar a los dados». Como Zeno Cosini, como Joseph K., el personaje que protagoniza su diario es un «hombre sin atributos», dimisionario de la vida y désaxé, excéntrico y fuera de eje, inepto para construir un destino plausible. Morir o sobrevivir, medrar o quebrar solo son accidentes del todo imprevisibles en la «imposible coincidencia entre el ser y el pensar» (Mario Andrea Rigoni), el fruto amargo de una imperscrutable casualidad. La renuncia a la escritura —mejor dicho, la práctica encarnizada de una escritura clandestina— alumbra entonces la revelación de una verdad negativa: «Quia non sumus esse volumus et quia esse volumus non sumus» (Carlo Michelstaedter). Atrabiliarios y desgarrados, perpetuamente vencidos mas nunca subalternos, estos fragmentos atravesaron la tormenta del siglo XX in partibus infidelium, desplegando en contra de la protervidad de las ideas recibidas el pequeño, elegante cabotaje cotidiano del estilo de una inteligencia hipersensible. Frente al retórico gigantismo de las grandes obras, los escolios privados del «proscrito involuntario» nos remiten a la inextinguible necesidad de buscar, en nuestra «vida ausente», incluso en el México aparentemente irredimible de los tiempos presentes, algún destello de auténtica persuasión:

«La máxima que sigue me es tan querida que desde hace muchos años ni siquiera sé quién la escribió, y desearía haberle dado yo mismo el último retoque: “Todo lo que es excesivo es insignificante”».

«”Derrota refleja”. Así llamo yo la imagen de nuestra capitulación, que leemos en los aspectos y en los modos de la vida malograda de un amigo, al reencontrarlo después de muchos años».

«Definición de una vida casi envidiable: “Un hermoso fracaso, y un naufragio discreto”».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *