City Towers

Por: Andrea M. Zárate

Hoy me voy y acabo de ver que las cortinas siguen siendo de papel. Siempre pensé que era algo temporal, pero la realidad es que a una estancia de tres años no se le puede denominar transitoria.

El eco de un taladro me despertó sobre el tendido improvisado. Veo la alacena vacía, el refri desconectado y la mitad de mis cosas envueltas en periódico. El aire me sabe al polvo que se acumuló bajo la cama, tengo ganas de romper la sábana de mi tendido. Todo está sucio.

Estoy en ningún lugar. Sola. Flotando. Espiando la vida de mis vecinos desde el undécimo piso, encerrada en un cascarón blanco…

Hay algo que nadie me ha explicado sobre el espacio y los no lugares, ¿qué pasa cuando un par de años se vuelve menos de diez recuerdos? La cotidianidad es tan rutinaria como finita y prescindible. El aeropuerto nunca dejó de ser aeropuerto aunque Tom Hanks viviera en él. El metro no deja de ser metro aunque los vagabundos encuentren rincones para guardar sus cosas. Existen estos espacios carentes de identidad, transitorios e increíblemente similares entre los de su clase; sin embargo, creo que somos capaces de otorgarles identidad cuando nos apropiamos de ellos con nuestras cosas. No sé qué tanto sea una relación simbiótica o intrascendente; tal vez ni siquiera sea una relación. Sé que son significados individuales que no están destinados a la permanencia.

La alfombra empezará a oler diferente cuando yo me vaya. Se llenará de manchas de las que yo no tendré la culpa. Las paredes eran mías, todavía no quito mis cuadros, ¿qué será de ellas? Tal vez cuando salga por última vez todo empiece a trozarse y descarapelarse.

Al final sólo habrá ausencia, mis cuadros sin pared no son mis cuadros y estas paredes sin mis cuadros y corchos son paredes de nadie. Entonces, ¿quién es el incapaz de otorgar identidad, este espacio o yo?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *