Atlas: Li Qingzhao. Inmortal frente al río

Carmín en los labios

Deja de columpiarse. Perezosa

se estira lentamente.

Un ligero sudor humedece su ropa

 —pequeña flor cubierta de rocío—. 

llega ya el invitado, y ella huye

corriendo en calcetines.

Li Qingzhao tuvo la suerte de nacer en una familia que tenía gran interés por el arte durante la Dinastía Song, un periodo de gran movimiento y apertura artística (la imprenta móvil y la xilográfica estaban recién estrenadas). Desde que era chica, su talento poético fue alentado por su familia y sus conocidos y ya antes de casarse, a los dieciocho años, era una conocida poeta. De hecho, llegó a ser la más grande poeta de la China. A pesar de esto, su vida no fue precisamente venturosa. La situación política de la segunda parte de la Dinastía complicó las cosas para su esposo, que trabajaba como oficial para el gobierno. Li pasó el final de su vida sola, en condiciones poco favorables.

 

Escarcha a la sombra de las flores

Ligeras brumas

densas nubes

hacen más triste aún este largo día

el perfume Borneol

se desvanece en su animal dorado

hoy es nueve de septiembre

otra vez la fiesta del Doble Yang

la almohada de jade

y el biombo de seda

a media noche despiden su frescor

cerca de la Barrera del Este

cuando ella alza su copa ante el ocaso

sus mangas desprenden un mágico perfume

no digas que el alma

no sabría languidecer de amor

tras las cortinas

que el viento del oeste ondea

ella aparece tan grácil

como un crisantemo.

La totalidad de la obra de Qingzhao que sobrevive hasta estos días pertenece al género ci, cuya particularidad es que seguía la melodía de una canción. Eran poemas escritos para cantarse. Hay una relación intrínseca entre la música y la expresión, pero como la música que iba con los ci no llegó hasta nuestros días, el sentido que puede haber albergado esta relación está perdido. En su época, la integración de la música supuso una liberación de las normas estrictas, tanto formales como temáticas, a las que estaba sujeta la poesía china. No tenía que hablarse de ninguna doctrina o religión, sólo de los sentimientos escondidos en el entorno. En la poesía ci, el interior y el exterior se corresponden. La melancolía no es la melancolía sino el color de las flores o el canto de algún pájaro. Esta melancolía es de los temas más recurrentes en los ci de Qingzhao. De manera sutil, la sensorialidad reformula el espacio; no hay un desencadenamiento de hechos, sino una atmósfera poética húmeda, fragante, colorida y textil.

Lavar la arena del arroyo

En la Fiesta de los Manjares Fríos

se extiende una débil luz de primavera

del pebetero de jade

se eleva la última humareda del aloe

salgo del sueño

y busco bajo mi almohada la horquilla de oro

aun no han llegado los petreles

pero jugamos ya

a buscar las plantas más bellas

y extrañas

todos los ciruelos de la orilla se marchitan

y de los sauces brotan los amentos

el columpio se humedece

con la lluvia fina del crepúsculo.

Casi mil años nos separan del tiempo de Qingzhao y resulta sorpresivo que su voz sea sutil y lejana pero aún reconocible. Resuenan sobre todo el tedio de la contemplación, el amor por el detalle, el dolor de una constante espera. Las referencias al oro y al jade casi la hacen sonar como una niña aburrida del privilegio. ¿No se escucha en ella el retumbo de la voz de los que tienen todo y a pesar de eso sufren? Esa voz tan conocida. En su poesía se hace presente lo efímero y lo bello; la tristeza o el amor que se esconden detrás de la naturaleza y de lo material; los objetos que exhalan su melancolía ante la mirada precisa del desocupado que observa el detalle.

Inmortal frente al río

Patio profundo

profundísimo

¡cuánta profundidad!

nubes en las ventanas

bruma en los pabellones

¡cómo tarda la primavera!

¿para quién será la tristeza

de mi marchito perfume?

anoche tuve un bello y nítido sueño:

las ramas que dan al sur 

deben de haber florecido

pétalos de jade

finos tallos de sándalo

¡tristeza que nunca acaba!

¡no quiero escuchar más

la flauta Qiang en el pabellón del sur!

densos perfumes se suspenden y se agotan

sin que nadie pueda percibirlos

¡qué dulce es la brisa

aunque se retrase el sol!

por eso, amor mío, 

no vengas todavía

los albaricoques aún no han florecido.

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