Los personajes del Ornitorrinco

Estos cuatro son los protagonistas de Ornitorrinco, la novela a cuatro manos que se desarrolla en éste sitio web.

Luz
Personaje creado por Brenda Ánimas

Sonará feo, pero Luz ya nació medio muerta. Todo embarazo es de alto riesgo cuando la madre en cuestión hace como que no está embarazada. Los primeros indicios de parto se dieron cuando la primera esposa de Juvencio, Gloria, se trasladaba a su trabajo como vendedora de perfumes, en el transporte público. La niña, o el feto, más bien, tenía como 7 meses, pero las complicaciones se dieron, y el piso de la colectiva en que viajaba Gloria ese día terminó como la escena del elevador en The Shining. El diagnóstico final del doctor fue que al fetito le faltó oxígeno durante demasiado tiempo, causándole un leve daño cerebral, que años después sería el menor de sus problemas.

Hoy día, Luz tiene 28 años y la edad cerebral de una adolescente de 15. Se fugó dos veces de casa con caballeros de dudoso carácter, y las dos veces regresó alicaída y embarazada de una niña nueva. Se podría atribuir quizá aquel espíritu rebelde al clima bélico en el que creció, con dos adultos que se desagradaban mutuamente como guías espirituales y técnicos. Pero lo cierto es que la falta de oxígeno durante el parto le hizo algo menos perceptiva, y mucho más efusiva, rasgos que compartió con la mayoría de sus parejas. Un día, ya embarazada de su tercer hija, fue a ver, como buena amante del cine, un remake de un clásico ochentero con el hombre que había prometido rescatarla de la soltería. No existiendo mejor motivo para terminar con una relación que una mala película, dicho hombre salió discretamente de la sala a oscuras, siendo esto lo último que se supo de él desde entonces. Pero, afortunadamente, Luz siempre puede contar con su papá, a quien ha encomendado el cuidado de sus tres niñas mientras se busca a sí misma, tan fragmentada y dispersa por el cosmos, en algún lugar del país.

 

Luisa López
Personaje creado por Andrea M. Zárate

Luisa es la hija de Vicente López y María Ruíz. Tiene cincuenta años y es la hermana menor de siete hijos. Vivió hasta los veinte en Mexicali y después se mudó con sus papás a la Ciudad de México; no obstante, hasta la fecha predomina su espíritu norteño. Toda su vida la ha dedicado a atender y cuidar de sus padres. Luisa es soltera, nunca se casó ni tuvo un novio serio; no, no tiene gatos ni está amargada.

Son las siete de la tarde, Luisa no sabe a qué dedicará sus tardes de ahora en adelante, viene regresando a pie y de vestido negro de la última misa del novenario de su papá, quien falleció pocas semanas después de que muriera su esposa. Ninguno de los otros hijos y nietos pudieron quedarse al final del novenario, todos viven en el norte del país y tenían que “regresar a hacer sus cosas”.

Luisa vivía con sus papás en un departamento en una esquina, arriba de un Blockbuster, no piensa mudarse. Su hermana María le insistió en que regresara a Mexicali o que remodelara todo el departamento para no deprimirse. Luisa se tomó esto último muy en serio y sólo quedan, en ese segundo piso del edificio, una tele, un DVD y un sofá cama. El Blockbuster quebró, como era de esperarse, “de veras ahora todo va a ser diferente, están rematando las películas”. Luisa ha entrado al establecimiento decidida a comprar toda clase de chic flicks, o cualquier cosa que prometa una historia de amor: Disney, Hollywood, cine independiente, época de oro mexicana, no le importa demasiado.

Mauricio Solís
Personaje creado por Humberto Morales Cruz

Mauricio presume a diestra y siniestra que tiene un doctorado en derecho por parte de la UNAM y es verdad, aunque casi nadie le cree a la primera. Está casado con una ortopedista muy exitosa y la quiere; ella lo quiere a él, pero a veces se siente un poco avergonzada por su carácter ruidoso, un poco infantil. Cuando Mauricio era niño lavaba coches para apoyar con algo de dinero en su casa y siguió haciéndolo hasta la universidad. Ahora por nada del mundo lava sus autos y gasta más de lo que quisiera en pagar porque otros lo hagan. Se dedica a varias cosas: da algunas clases en la Ibero y en la UNAM; escribe una columna de política en la versión digital de uno de los principales diarios, aunque teme que nadie la lee; es chofer de varios diputados y cenadores, sobre todo en trayectos largos, pues les explica los proyectos de ley en turno para evitar que ellos trabajen de más. Tiene una pasión por la música, es dueño de un piano, un saxofón y una pequeña armónica diatónica que carga a todos lados. No es particularmente bueno con ninguno de esos instrumentos. Hace poco se hizo amigo en facebook de una cantante que escuchó en un bar. Le escribe casi todas las noches y poco a poco sus conversaciones han ido subiendo de tono. Tiene miedo.

 

Pedro Salcedo
Personaje creado por Ana Cristina Pérez 

Don Pedro es un viejo complejo como los viejos, y simple como ellos también. Tiene 67 años y es pequeño y flaco. Su vida para la mayoría es un misterio, pero se puede intuir por lo que se ve que trabajó duro y se lo ganó todo por su cuenta. Es un poco huraño, malhumorado, pero muy inteligente. Es la clase de hombre que parece haberlo vivido todo. Tiene una rutina estable, como casi todos los viejos: se levanta temprano, se peina en el reflejo de las ventanas del Tsuru que tiene años estacionado afuera, con un peine que carga en la bolsa interior de su chamarra de pana café. Se sienta en un restaurante del centro de la ciudad a desayunar jugo de naranja y un huevo duro. Pasa gran parte del día ahí. No le gusta estar solo en casa. Alguna vez le dijo a una mesera nueva y tímida que él había formado parte de una misión que hizo explotar tres casas de “politicuchos” y un banco sólo por diversión y soltó una risa corta acompañada de una mirada penetrante. Nadie puede asegurarlo ni negarlo. En otra ocasión le dijo a un trabajador de la mecánica enfrente de su casa, después de que este pateara un gato que se había metido debajo de un coche, que se cuidara de maltratar a esos bichos porque él conocía a un brujo que tenía a un gato por nahual y como castigo podía hacer que un día despertara con la cabeza en el lugar contrario.

 

 

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