Ciudad animal

Está viva. Está a la defensiva. ¿Cómo estarías tú con un montón de cucarachas viviendo en tu boca, en tus ojos y en tus genitales?

De un lado hay barrio; del otro, edificios indistinguibles entre sí.

Empieza un nuevo día: sales de tu espacio de menos de cien metros cuadrados por el que seguramente pagas más de ocho mil pesos al mes.
Una tormenta de polvo te golpea la cara y corre a tus pulmones antes de que lo puedas advertir.
Tabique y cemento molidos, tierra con popó de perro y smog de camión viejo.
Veneno —tal vez por eso es tan ameno fumar alquitrán—
alguien toca el claxon, olor a tacos y pipí seca o agua estancada o las dos, otra vez el claxon, voces, alguien frena repentinamente, tres mentadas de madre, un trolebús, dos camiones aceleran, justo enfrente están abriendo la banqueta, otro claxon.
Siempre se está construyendo.
A alguien se le ocurrió que cuando se acabara el espacio a los lados siempre se puede habitar hacia arriba.
Al final nos titularemos Babel 2.0. Ya empiezan a desarticularse los valores y las prioridades.
¡Claxon! ¡Claxon! ¡Claxon! ¡Frenos!
Ahora huele a mugre y a llanta quemada.
Saliste hace menos de tres minutos.
Corre.
Vas tarde
a empaparte del sudor de los demás mientras avanzas a setenta kilómetros por hora debajo de la tierra.

Trato de no estorbarle a las demás cucarachas. Especialmente porque son caníbales discretas. O bien, caníbales de a poquito: no te comen pero te jalan el cabello, te pisan y te avientan.
Trato de recorrer los caminos cuando todos están canjeando su tiempo por quincenas.

Está viva. Está calma. No siente mis piecitos sobre ella y puedo ver su verdadera naturaleza. Me siento como un oriundo de la selva; que anda descalzo y seguro.

Empieza un nuevo día: abres la ventana por la que entra menos polvo y ruido. El segundo piso es suficiente para que la mañana huela fresca. Tomas tu bata, riegas las plantas, pones el café. Lees las noticias: nunca demasiado. Lees. PLAY. Escuchas lo que sea que tengas humor de escuchar.
Te bañas. Tal vez a jicarazos porque ya no hay agua como en los veinte pero te bañas.

Saliste hace menos de tres minutos.
No estás seguro de adónde ir.
Vas tranquilo
a ver gente y cosas que nunca has visto: todos esos locos que salen en las horas cóncavas.
Tenemos la pisada ligera. Si la ciudad volara seríamos cetreros.

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