Diez notas gatuperiadas

 

Se abre la redoma

1.

Al abrir un libro de Gerardo Deniz los lectores podemos adivinar lo que vendrá: cátedra, pero una cátedra sin dirección moral, en ocasiones con vuelcos hacia una búsqueda de la incomprensión, mezclas de datos históricos, referencias no rastreables. En la literatura a veces se busca, más que la constatación de un hecho palpable, determinado, demostrable, todo lo contrario: la duda, el desorden, lo inconexo, la temática puesta de nuca hacia abajo, la semántica revolcada y la sintaxis sin taxis.

Acto seguido, en este párrafo se considera posible poner en énfasis mi imposibilidad de acercamiento. He fracasado al intentar sacar primeras conclusiones, apresurar el examen de lectura. Sin embargo, puedo proponer unas cuantas líneas acerca del trabajo de Deniz sin caer en los dogmas habituales de explicación.

2.

Procedo. El trabajo de Juan Almela  da constancia de aquel gusto por la socarronería refinada, el implante de lenguaje técnico y un constante tono de maestro de química que al explicar a sus alumnos el proceso de cristalización aplicada en ornamentos de tela da actos histriónicos con el índice, apuntándolo al aire con emoción.

3.

Para tantear levemente el terreno de la poética “deniciana”, como la llama Roberto Cruz Arzabal en este artículo, muy completo y de gran ayuda para acercarse al escritor español (dar clic sin pestañear), he optado por abarcar sólo un texto de un libro raro, espécimen de cuernos con reboso. Me refiero a Gatuperio (1978) editado por el Fondo de Cultura Económica y perteneciente a la colección “Letras Mexicanas”.  El primer apartado, de título “Sociologías”, aglomera siete poemas, todos ellos con una intención, ─más bien con una inquietud─ de narrar; son poemas largos, casi rosando la prosa, donde el uso de guiones, paréntesis y conectores textuales posibilitan al lector visualizar un campo amplio de técnicas retóricas, donde el discurso se antoja rimbombante, pero sin caer en presunciones estéticas meramente complacientes.

 

4.

El primer poema de este apartado se titula ‘Vehículo’. Aquí, Deniz demuestra el margen espacial, dislocación de caminos, apertura nodal de la infancia, lo acontecido detrás de lo insignificante: “Polvo. Detrás de la cortina, entre los equipajes, / tosió un Niño de diez años…”, e inmediatamente, como un capullo metálico, de gesto robótico, se abre un diálogo: “-Qué tos más desgarradora e incoercible –comentó acto seguido con voz argentina”. ¿Quién comenta? ¿Quién es el actante que entra a escena dentro del poema?

Primer gatuperio al que Deniz encuentra salida, porque después le indica al lector que se trata de cierto maestro hablándole al Niño de diez años: “Declaró el maestro: / No dudo que este Niño, elapsado el tiempo preciso/  para su formación, / alcance la soñada eminencia”. El poema podría tener acercamientos autobiográficos, y escribo podría porque con Deniz no es acertado lanzar estipulaciones de este tipo. Queda claro, no obstante, que el trayecto y el recuerdo del mismo trayecto son esenciales en el texto; incluso, el concepto de “migración” toma, por un momento, la batuta: “Cada quien fue exponiendo con llaneza su punto de/ vista. El occidente más cerca siempre”. Finalmente, las últimas líneas deleitan no deleitando sino chismeando a manera de enseñanza: “̶ Toda ventana encendida sugiere una dicha. Un hogar apacible y una familia numerosa, de ojos redondos /, sin blanco casi, mirándose unos a otros en silencio, / sentados en camisón malva a la mesa.” Ensueño por el espacio alguna vez habitado y lectura de la Poética del espacio de Gastón Bachellard incluida.

5.

Deniz abarca una materia en específico, pero no quiere hacer poética. Lo que busca es señalar áreas donde la poesía vea más allá que el simple ejercicio de creación. Deniz es un químico, por ello sabe trazar esquemas, y no necesita de ideologías.

6.

Evodio Escalante criticó a Deniz por sus poemas “exuberantes en signos, pero no en significados”. Deniz no busca el poema como una mera forma vertical y significante; Deniz, en dado caso, busca lo instantáneo, el flujo de lo irracional en picada.

7.

Pero, ¿hasta qué punto se puede pensar en la obra poética de Deniz como algo irracional? ¿Por qué ofrecerle al lector la certeza de que entenderá de lleno cualquier texto? ¿Por qué no pensar que la poesía de Gerardo Deniz es críptica, pero no carente de significado? Erdera un libro de culto, recopilación de poemas donde las ramas de la ciencia y humanismo están mezcladas, en gatuperio.

 

8.

Opto por entender el término gatuperio como embrollo y no como intriga; como mezcla de sustancias incoherentes que conllevan a un resultado engañoso, porque una vez analizado cualquier texto deniziaco se llega a la conclusión de que no se pudo concluir nada.

9.

No hay topar con pared y quien se encuentre manejando Erdera o Gatuperio, se dará cuenta que la dirección de lectura se pospone a ratos, pero siempre voltea izquierda o derechamente, y jamás toma un cauce centrado.

 

10.

Establecer una crítica de la poesía de Gerardo Deniz podría entenderse como establecer un proceso estocástico: toda interpretación y postura asumen aleatoriedad. El cambio por el cual pasan diversas  formas, visiones estéticas, sentimientos, referencias externas al texto (cf. Conaculta a Secretaría de cultura, del yambo a la prosa poética, del cuadro delicadamente enmarcado al dispositivo móvil con La Piedra de la Locura como fondo de pantalla, del libre albedrío al forzado cerebro baldío, etc.) se reflejan constantemente, y por ello hay gatuperio.

 

Se cierra la redoma.

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