Aclarando dudas o justificando incapacidades

Cuando el reloj se vuelve ajeno a los ritmos naturales hemos dejado atrás la libertad para matricularnos en el automatismo. Era algo que antes creía pensando siempre el automatismo como algo malo. Muy malo. Ahora cuando lo digo puedo sentir cómo se separan las letras, es que me lo repetí tantas veces.

Donde hay una constante destrucción-reconstrucción ya no existe nada que podamos tocar. Encuentro pura soledad disfrazada de aislamiento voluntario y me acuerdo de la definición que me dieron de libre albedrío en el colegio católico. Y me acuerdo de la inconformidad. De no entender. Ansiedad por algo que no empieza ni termina. Aquí mejor huyo.

Mataron a los dioses y a la historia, creo que hasta a la literatura. Luego nos parieron esperando que no fuéramos máquinas, que fuéramos sublimes, hondos, subversivos. Pero nuestra especialidad es convertirlo todo en un chiste sobre judíos sin sentir culpa y añorar todo eso que ni siquiera conocimos. Somos el hijo desempleado y así de prometedor es nuestro futuro: preferimos soñar con el pasado. Siento como si de vivir en manadas y por especie un día nos convirtieron en un solo hormiguero gigante. Nunca se han oído buenas críticas sobre la convivencia forzada, por eso en la ciudad sólo los provincianos somos amables. (Nadie dijo que la soberbia no fuera sincera).

Ya de la convivencia virtual forzada quién sabe. Yo soy susceptible a escribir como los pesimistas en shock, con miedo, rehusándose al cambio. Yo escribiría, por ejemplo, que…

Escribiría

Pospretérito o la acción expresada por el verbo como no terminada.

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