Diario de un godín humillado

 

Se abre la redoma

Plantearse el proyecto de un diario requiere disciplina y encuentro con otras voces y también cierta fluidez, descuido. Un diario suele ser lo que no se quiere publicar, espacio para borradores de cuentos, ensayos, poemas, recetas de cocina para alimentar sanguijuelas, etc.

Ejemplos de estas bitácoras hay bastantes. A la cabeza vienen Kafka, Pepys, Tolstói, Sontag, Dostoievski, Plath, Gombrowicz  y, por supuesto, los tan esperados diarios de Canetti que por expreso deseo del autor no serán publicados sino hasta el año 2024, cada vez falta menos.

El diario puede ser el testimonio en bruto del tedio.  Conjunto de piezas fechadas donde el autor discute sus inquietudes. Afirma Wiliam Boyd: “Hay escritos que tienen el propósito de una publicación e incluso de que esta sea póstuma. Los grandes diarios literarios han sido escritos sin ninguna expectativa de ser leídos”.

En los siguientes fragmentos se asoma lo contrario. Quien haya escrito estos fragmentos quería, si no leído a profundidad, cuando menos ser encontrado.  El diario expuesto a continuación lo hallé en una banca de un parque cuya ubicación es irrelevante. Se trata simplemente de una libreta negra con variados apuntes, fechados recientemente. Llama la atención el cuidado y también presunción de su prosa. El autor: un pedante de primera,con frecuencia introduce sentencias a manera de “iluminaciones”.

Como podrá observarse más adelante  hay construcciones en presente y pasado que en ocasiones se combinan hasta en un mismo párrafo.

 

***

15/06/2017

Hoy han depositado la quincena en la cuenta ********932, lo cual significa que puedo hacerme de algunos libros, también de una chamarra. Quizá compre la Trilogía Involuntaria. El otro día encontré la colección en una librería donde solía trabajar. A la par me sentía espiado.

 

17/06/17  10:04 a.m.

Leo a Levrero. La composición de su prosa gesta un tipo de resonancia histórica y, de repente, hasta cierta burla dirigida al realismo mágico. El único problema es no poder captar esa resonancia en el primer libro La Ciudad. Estoy en el centro de Tlalpan, sentado en una banca, observo a una paloma cuyo cabeceo me resulta monótono. Tiene algo amarrado en su pata izquierda. Me siento perseguido.

 

18/06/17  4:36 a.m.

Estoy en casa. Omito lo escrito líneas arriba en torno a la composición temporal en la escritura de Levrero. Llego a París, segundo libro de la colección, y compruebo lo contrario: hay tiempo y contexto. Segunda guerra mundial. Los alemanes entran en territorio parisiense.

La temporalidad en un panorama narrativo conlleva a discutir  sobre los alcances de la ficción, y cómo ésta puede desarrollarse sin pausas, extenderse libremente como un pañuelo sobre una mesa.

Zavala, Piglia y Ludmer son buenas referencias para ahondar en los usos de la ficción. Hasta donde he investigado.

19/6/17

 

El personaje de la novela contempla un árbol, y en su discurso la comparación humano-corteza es atinada. Con trabajos transcribo el pasaje, debido a que leo sentado en una banca muy incómoda. Espero el metrobús. Me gusta mucho sentarme en cualquier banca que ofrece la ciudad.

“Este árbol es ancho como un hombre, y cuanto más lo examino y admiro sus detalles, tanto más humano me parece; quiero decir que lo siento como un ser que está vivo y que siente y que piensa. Hay una columna de hormigas negras que sube y otra que baja por la rugosa superficie del tronco. Pienso que la corteza parece la piel de un animal; siento que si le arranco un trozo, uno de esos trozos con forma de islas irregulares, por debajo brotará la sangre como si le arrancara la costra a una herida que cicatriza”.

 

21/6/ 17

 

Pienso en lo complicado que me resulta ponerme de acuerdo para establecer cualquier tipo de compromiso. Imagino a Levrero y a Piglia discutiendo acerca de quién inventó el tango. Si los uruguayos o los argentinos. Los árboles no tienen por qué ponerse de acuerdo en nada, siempre son indiferentes hacia los planes de quietud de sus semejantes.

 

 

22/ 6/ 17

Hoy me enteré que un compañero de la oficina renunciará dentro de ocho días. Siempre que me llegan este tipo de noticias siento una especie de nostalgia artificial. Importa, pero no demasiado. Toda relación laboral tiende al reciclaje.

 

23/ 6/17

El narrador de la Trilogía… crea una especie de fórmula inclusiva. No se presenta, él se incluye como la materia viva del texto, no necesita otra voz, él se NECESITA.

La imagen de un paisaje descrito por un autor seimpre puede convertirse en motivo central de un libro. La escritura es imitación. La escritura es negación e imitación. La escritura es tono y también afirmación. Blanco y negro.

 

24/ 6/17

Hay momentos en los cuales pienso que Levrero se mofa del realismo mágico. Sólo una teoría. Debo demostrarla.

 

25/6/17

Comida en La Mansión con un amigo. Día con mucha lluvia. No leí. Mis delirios de persecución han aumentado.

 

26/6/17

“Vivir a costa del infierno sin padecer las llamas”.  Leo la frase en un libro de Reinaldo Arenas. Pienso en su posible variación: “Querer ponerse en el tejido de un parásito sin padecer los jugos gástricos”.

27/6/17

 

El supervisor quería que me quedara a trabajar más tarde. Quiere resolver la comparación de unas nóminas. Es en estos casos donde me doy cuenta que hay dos opciones para plantearse el dilema del exceso de trabajo:

a) Atender la demanda.

b) Dejarla para otro día y no quedarse.

 

No recomiendo la segunda opción.

 

28/6/17

La confesión de no haber leído algún libro del cual todos hablan no debería ser cuestión de vergüenza. Lo que realmente provoca un poco de acidez estomacal es leer Ensayo de un crimen y pensar que la película es mejor, o al menos eso me pasa a mí. Para otros puede ser distinto.

Me falta leer el último libro de la Trilogía…titulado El lugar.  

Sigo sintiéndome en peligro.

30/6/17

Fui de visita a La Academia Mexicana de la Lengua. Conversé con un viejo amigo. Hablamos de mujeres y de los oficinistas que también fueron escritores. Pensamos en Walser, Kafka, también en Arreola y su trabajo en un puesto ambulante o en Rulfo y su puesto en una llantera. Después de un rato mi vista se encontró con la misma paloma y su cabeceo monótono, trae el mismo papel o no sé si cámara o algo amarrado en su pata izquierda. Sé que alguien me está siguiendo. No cabe duda. Son los empleados, me quieren atrapar. Esto se pone kafkiano.

***

 

Después de esta fecha no hay ningún otro registro. Lo demás son páginas en blanco o números anotados al azar, dibujos, rayones.

 

Se cierra la redoma

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