Sobre el DIY o de cómo hace falta más disciplina en la vida

Por: Sofía Ánimas Pazos

Cuanta ciudad, cuanta sed, y tú, una mujer sola [1] 

Luis Alberto Spinetta

 

Estaba haciendo cuentas con una amiga hace rato. ¿Hacer tu propia leche de almendras sale más barato que comprar las marcas del supermercado? Si por cada vaso de leche se necesitan 8 almendras, entonces hacen falta 32 almendras para hacer un litro. ¿Cuántas almendras tiene un kilo? ¿130? ¿150? Si el kilo está aproximadamente a $400 en Superama, entonces hacer un litro cuesta… Menos. El razonamiento completo no es importante, pero concluimos que es más barato hacer tu propia leche de almendras que comprarla en el supermercado.

Quizá empiece a hacer mi propia leche de almendras a partir de ahora. Los ingredientes necesarios se consiguen a la vuelta de la esquina, sino es que en mi propia casa. Es fácil, fácil, como quitarle el suero al queso nuevo.

Pero también quizá no lo haga. Me conozco lo suficiente para saber que el asunto, una vez zanjado a nivel discursivo, no necesariamente será llevado a la praxis.

***

“Todavía no me conozco lo suficiente” es la cantaleta con la que me escabullo de situaciones en las que mi postura definitiva sobre cierto tema es requerida. Que si quiero tener hijos, que si me quiero casar, hacer una maestría, luego un doctorado, seguir viviendo en la ciudad por el resto de mi vida o perseguir la musa en lo bucólico. No lo sé, todavía no me conozco lo suficiente para saber esas cosas.

Y sin embargo me conozco lo suficiente para predecir que lo más probable es que no vaya a empezar a hacer mi propia leche de almendras en ningún futuro cercano.

***

Como buenas sentimentales, mi amiga y yo, después de hablar de almendras durante tanto tiempo, pasamos a escuchar a Almendra, la banda. Para quien no lo sepa, Almendra fue la primer banda que formó Luis Alberto Spinetta a finales de los años 60. Hasta el final de su vida, Spinetta no dejó de emprender todo tipo de proyectos musicales con una consistente calidad y novedad para su época, al menos hasta donde he podido comprobarlo. (El volumen de música producida por este hombre es de tamaño mareador, y no me he embarcado en el largo viaje que es repasar su discografía entera).

Pero lo traigo a cuento porque el carácter de Spinetta es uno de esos que admiro y resiento mucho por igual. Mi concepto de Spinetta es el de un señor con un talento natural y profundo que no temía al trabajo ni a los críticos. Hay quien dice que la maldición de Spinetta, lo único que le impidió saltar a una fama internacional y ser un referente cultural como cualquier Madonna o Elton John, fue el hecho de haber nacido en Latinoamérica y no en Londres o Nueva York. Es esta una idea muy victimizadora del hombre y totalmente discutible. Esa fijación de los argentinos por equiparar sus artistas con los anglosajones tiene mucho de criollismo acomplejado[2]. Qué necesidad de comparar a Federico Moura con David Bowie, o a Charly García con Prince. Pero dejando eso de lado, el problema presentado por los críticos argentinos sí me hace pensar en cuál podría ser mi maldición, la que me vaya a impedir saltar a la fama internacional y convertirme en un referente cultural como cualquier X o Y de mi disciplina.

***

El uso de la palabra “maldiciones”, es discutible, pero de esas hay varias. Enumeraré algunas:

1. ¿La escritura es MI disciplina? ¿De veras?

2. ¿Existe el talento natural y/o profundo? ¿Tengo alguno de los dos?

3. ¿Cuántas preguntas retóricas son suficientes preguntas retóricas?

4. El trabajo y los críticos me dan un miedo infinito. De plano.

5. La fama internacional y la mera posibilidad de fungir como referente cultural son dos nociones que para mi generación ahora resultan añejas y enternecedoras, en el mejor de los casos; como la bendición de la abuelita o el sexo hasta después del matrimonio.

6. Mi latinoamericanidad no la considero ninguna desventaja. De acá son las gringas de pastor y El paso del gigante, después de todo.

Supongo que lo que quiero decir es que pensar en Spinetta y la leche de almendras casera me hacen sentir doblemente alegre por su existencia y acomplejada por la mía. Esa dualidad se la expresé un día a mi hermano (quien me miró de vuelta con una expresión de guácala, muy entendiblemente), de la siguiente manera: “Así es mi relación con todas las cosas; siento un amor y un odio profundo por todas ellas. No hay un punto medio. Y si lo hay, es la nada y no importa”.

***

[1] Cita modificada para corresponder al género de la autora.

[2] Por no decir que hay un latente racismo debajo de tanta preocupación por lo internacional. En el perfil de Charly García de la página www.rock.com.ar, encontré la siguiente joya: “Ese día, más de 80.000 personas asistieron a la cancha de River para aplaudir a grandes músicos internacionales, como Peter Gabriel, Sting y Bruce Springsteen, acompañados por los negros Tracy Chapman y Youssou N’Dour” [sic] (¿?).

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *