Volver

Volver

Quiero inventar una unidad de medida para los regresos.
¿Cuánto puede pesar volver a un lugar que representa tanto? ¿Se calcularía según el tipo de situación, el tiempo que ha pasado desde la primera vez o el número de veces que has vuelto?

Te lo esperas. No vas con la idea de que ni siquiera se te enchinará la piel aunque tampoco piensas que las lágrimas brotarán como los peces que se escapan de la red.
Las expectativas son el dedo chiquito del pie.

Cuando estás cansado de que algo te duela empiezas a enfrentarlo con chistes y apatía. Es muy fácil si se hace desde lejos.
Después de todo y a pesar de la globalización el Atlántico evidencia la enormidad de la Tierra.

Réplica 

No puede ser peor porque ya no se trata de algo que no conoces pero, ¿no se supone que es esa la cualidad de la inocencia?

Una vez escuché que cuando un torero sufre un accidente durante la corrida debe volver a practicar su arte lo antes posible o no podrá torear nuevamente. Y la primera vez que choqué en la ciudad mi papá me hizo manejar en carretera al día siguiente porque le dije que ya no quería tener carro.
Todavía cierro los ojos un poquito y sin querer cuando manejo y me pasan otros carros de cerca.

No importa si nunca hay réplica o si tarda más de diez años en llegar: existe un reflejo que siempre estará a la espera.

Irse

Abandonar los traumas para no volverlos a pensar es dejar ir pretextos y piezas de la identidad de la que de vez en cuando llegamos a ser conscientes.

Por eso nunca dejas la hoja en blanco.
¿Dónde están esos a los que nada les duele?

No se trata tanto de superar sino de elegir, como la vaca, si ponerle o no nombre a las garrapatas.
Es como cuando terminas de limpiar el armario de los tiliches: te encuentras inmediatamente ansioso
por volver
a colocar algo en el espacio vacío.

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