Soliloquios: De policías y taqueros

En la cuadra hay dos tipos de taqueros: los que descaradamente te encueran con la mirada y los que juegan a rescatar a la damisela. —¡Abre la puerta! ¡Es la policía! ¡Abre la puerta o la tiramos! Estaba en pijama, eran ya casi las once de la mañana pero me había dormido a las 03:00 am trabajando la noche anterior, no pensaba, no tenía prisa, estaba desayunando como desayunan los Ver más …

Soliloquios: Hormigas rojas

La niña Reina creció en un rancho en el estado de Hidalgo. No era especialmente traviesa ni desordenada pero tenía seis hermanos varones, por lo cual todo lo que hacía ella —la única a la que la melena se le enredaba al treparse a un árbol, la única a la que regañaban por no ayudar en la cocina— por más inofensivo que fuera se veía magnificado, enmarcado en lo masculino Ver más …

Soliloquios: Fiesta

Despierto. No recuerdo qué soñé. No me duele la cabeza, pero fue una gran fiesta aunque no recuerdo… bueno, sí recuerdo pero hay lagunas. Estoy en la cama con otras personas; están cubiertas por la sábana, la misma que también me cubre. Alzo la sábana y descubro que son dos personas. Hay una mujer que no tiene sostén, tiene tanga. Es una mujer delgada, bien formada, sus glúteos pequeños, pero Ver más …

Soliloquios: Se busca

Tía Claudia —que esperaba al novio—, mamá, la Peque y yo asistimos a misa de cuatro, y grande fue mi sorpresa al no hallar a Jesús clavado en la cruz. Lo buscaba entre la gente sin salir de la sorpresa, pero sólo hallé en otros rostros la misma o una muy parecida perplejidad que, juntos, tragábamos en silencio para no andar repartiendo falsas alarmas y así evitar el desconcierto general Ver más …

Soliloquios: Don Rogelio, por Frida Librado

Texto por Frida Librado Todos los animalitos tienen una función, don Rogelio lo sabía porque no vivía solo: tenía diez perros y un montón de gasolina. Un día me dijo que todos los animalitos tenían qué hacer: Las lombrices arreglan la tierra. Los ratones mueren a diario. Tú, niñita, tienes que subirte a tu casa. Don Rogelio vivió un año abajo de mi casa, en la otra casa, en la Ver más …

Soliloquios: Aficionados a la muerte, por Pável Romero Solís

Sucedió en las afueras de mi casa, en la calle de la jardinera enorme, donde enterramos a la langosta que me compraron de niño. Le lindan piedras de cantera volcánica, pues el Ajusco descansa obtuso sobre un pasado de enterramientos súbitos, por eso el verdor de Tlalpan fértil, y la piedra de adormidera que limita el norte con el sur: el cielo con el infierno. Pero se dio que estábamos Ver más …

Soliloquios: Domingos

Al niño no le gustan los domingos. Los detesta. (¿Verdad que los detestas, mi rey?) Toda la semana hace planes imaginarios para esconderse de los domingos. Hay personas que detestan las calabazas, los payasos, detestan bañarse, hacer la tarea, el sonido que hace el gis sobre el pizarrón, el sabor de una cuchara de metal, levantarse temprano… bueno, el niño también detesta todo eso. Eso y la iglesia, al  padre Ver más …