Soliloquios: La tristeza no es un asunto industrial, de Rosario Loperena

  …así como ciertas flores nacieron postradas, y no poseen más lenguaje que su cuerpo viendo al sol, así nosotros, con la única diferencia de que uno no sabe que no es una flor y puede cambiar su postura.   I. Debajo de la almohada se alojan sueños que no quieres que vea. Las atrocidades (invisibles) cometidas en las horas de amor. La duda es la más firme declaración de Ver más …

Soliloquios: Cuatro poemas de Miguel Ángel Díaz

    Cuando yo muera quiero que me inseminen A David Ojeda* Yo soy su casa. Todo yo y todo en mí: rastro y memoria. Como recién llegado de otro mundo en el desconcierto de una existencia absolutamente ajena a la mía ¡bu! Soy yo que eres tú: lacasaquenarra el grito leve de los labios del loco que intuye su muerte: nadie sabe que sombra le vela el entendimiento qué Ver más …

Soliloquios: Lola, por Tania Langarica

  I La sombra de la nariz cae taciturna sobre los labios apretados de la mujer blanca Ella es toda vía                                                 ansia: su forma de verme es retrato nervioso, invasivo, con veta ágil sus yemas caen siempre frías sobre mi cara Me busca entre los espectaculares, Ver más …

Soliloquios: Cuatro poemas de Norberto de la Torre

Fotografía de Irving Penn.   Para guardar un elefante en el salero debes seguir las instrucciones 1. Coloca un elefante en la cuchara 2. El salero debe ser de vidrio de Murano 3. Todo se hace bajo la tenue luz de un cuarto oscuro 4. Pronunciarás un extraño mantra 5. Concentrarse hasta saber que no existe el elefante Tengo el universo en la punta de la lengua, dice Wittgenstein, y Ver más …

Soliloquios: Dos poemas de Andrea Alzati

Imagen de Manolo Marcos   La casa está dentro con el tiempo lo digo como si tuviera más de cuarenta años pero en realidad tengo poco más de veinte, he notado que es más fácil decir cosas sobre la muerte que decir cosas sobre el amor   también digo tiempo como si supiera   por eso hoy digo casa aunque no sé tampoco pero a mis poco más de veinte Ver más …

Soliloquios: Cuatro poemas de Manolo Marcos

Fotografía por Fernando Montiel Klint   Vivir sucesivamente  Libre de las mil complejidades que espían el alma, seré un gato esta noche. Me peinaré con una raspa de sardina. No llevo bien a las personas que se beben el agua de colonia. Tengo buena amistad con un chimpancé que lee el periódico. Trabajo en una sucursal de la carroña, me obligan a llevar traje de buitre.   Remedios caseros contra Ver más …

Soliloquios: Tres poemas de Eduardo Castillo

Fotografía por Fernando Montiel Klint   I. Una imagen del pasado es un pasado sin imagen. Papá, por ejemplo, cuando dejó de arreglar el jardín abandonó accidentalmente sus manos en la tierra. Meses después, papá y jardín, diluyeron fertilidad en las ramitas de un pino que todavía sobresale frente a la ventana de mi cuarto. II. También dejó de arreglar el librero. Se empolvó el rostro, no quiso salir los Ver más …

Soliloquios: Tres poemas de Roberta Iannamico

  inesita la vio o por ahí la oyó en la estación de servicio abajo del tacho de basura la mariposa tenía un ala rota y más llamaba la atención más que sus alas su cuerpo negro con lunares blancos perfectos la llevamos a una planta para que pase el resto del día ¡un tacho de basura no es lugar para una mariposa! cuando entramos al baño de la estación Ver más …

Soliloquios: Tres poemas de Andrés Paniagua

Imagen por Miriam Trauwitz   Reventar una botella contra la pared. Dedos tensos Encontrar los resquicios de la opacidad después de todo el mundo es un lenguaje que nunca elegimos.     Entonces la cara de madre y tía aparecen en medio de la plaza. R las mira desde lejos mientras el llanto ciego de las viejas ordena a dos hombres inútiles atraparlo El rostro despreocupado de la multitud revienta entre Ver más …

Soliloquios: Pequeño manual de anatomía masculina, de Analía Pinto

  Sus uñas Son los lejos que a veces quedan cerca coribantes de un sueño que se pulsa a sí mismo en el cordaje exacto de mi espalda almuecines que llaman a la oración en horas destempladas y circunflejas pequeñas porciones de córnea habilidad que se deslizan por el mástil de mis días astutas y traicioneras como el áspid que en el trémolo de sus manos se subliman miniatúricas cuerdecillas Ver más …