Soliloquios: Tres poemas de León Félix Batista

Los gatos de Aldaburu

     A María Inés, en Buenos Aires

Los gatos son constantes vertebradas en el tedio. Los
gatos, en instinto, son preguntas.
¿Cómo ensanchan ambas córneas en lo oscuro cuando
inquieren por el iris de un espejo?
Su mutismo sibilino es lo que intriga, pero en toda la
egipcíaca estructura: ¿cómo pudo no escurrirse por las
grietas la misiva tan felina de una mole?, ¿cómo pasa por
los tantos estados de materia (va de pez a pedestre al
aerostato)?
¿Eran cartas de amor las que escribía? La respuesta se
desliza en los tejados.

 

Es la última farra de mi vida

Supón que lo aniquilan registros de saudades, y
que puede (con un disco) remediarlas (en cierto
bar de Brooklyn en pino de Oklahoma.) Esferas
como aquella mixtura la ciudad, materia de un
orate y extravío. Y que ves cómo resalta (el
resorte que tú eres) contra el cielo raso recto,
por sus tonos intangibles; y que luego se rasura,
solicita su calzado, tantea las urdimbres y radio
de su miembro. Entonces dale elipsis, describe
su derrumbe. Habrá quien paute el coágulo que
deje.

 

Música ósea (fragmento) 

los cuerpos no son cuerpos si no son
infrarrojos y translúcidos del todo a
contraluz
músculos en blanco y negro, líquido
multicolor drenándose después del tableteo
¡cuerpos, cuerpos! cercanos a no ser,
desparramados
montones de basura hospitalaria, desperdicio
fenecido en concepción
y cuerpos que se arquean cada vez que los
escaldan, y confiesan, suspendidos en
ganzúas
y que han sido biografiados por las uñas en
los muros de las celdas de castigo
expulsados de su fuero, sin la ropa en la
espesura: la cruel epifanía del esfínter sin
control
la sutura que supura un proyectil, la resina
que desprenden los disparos
tumulto, sub-personas como gorrión común:
cardúmenes de macarela, krill
cuerpos llenos de abyección, en el óxido de
sí, predispuestos a anularse en su repliegue
vendavales adventicios en madeja
imaginaria por la velocidad de arrasamiento

delirando en la marea, macerándose en el
lodo: suculencias en pedazos como peces
pero hay cuerpos que están hechos de
naufragios y procrean el colapso de las cosas
estos cuerpos son compuestos por muñones,
disecados tras estratos de paredes
o pedazos que se oxidan como parte por el
todo, rastreados por jaurías en la niebla
bajo lluvia, frente al resto, desvestidos a mil
voltios, y vendados y pasados a cuchillo
reprimidos en sí mismos, en sus masas, con
las vísceras por fuera sobre asfalto
emboscados en cavernas de arrecifes,
esfumados de la foto, exterminados
abatidos, secuestrados, diluidos en cisternas,
retenidos por el humus de una ciénaga

otros cuerpos tienen miedo: oprimidos y
estuprados en sus pétalos violentos
y después son osamentas que descubren los
deslaves, con las uñas maceradas, como
cebo de rapiñas
en sarcófagos, en bolsas, en cenizas, como
parte de las sobras de un siniestro
embutidos en un pozo, con cañones en las
sienes donde crece un agujero imaginario
fracturados, de rodillas a comer sus
excrementos y con larvas que reviven sus
heridas
con el sueño trastocado, su pasado todo
atroz, sus familiares

cuerpos nulos, conculcados, cubicados por
un láser en sus plexos
recordados por nosotros, pero desaparecidos

 

 

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