Soliloquios: Aficionados a la muerte, por Pável Romero Solís

Sucedió en las afueras de mi casa, en la calle de la jardinera enorme, donde enterramos a la langosta que me compraron de niño. Le lindan piedras de cantera volcánica, pues el Ajusco descansa obtuso sobre un pasado de enterramientos súbitos, por eso el verdor de Tlalpan fértil, y la piedra de adormidera que limita el norte con el sur: el cielo con el infierno. Pero se dio que estábamos Ver más …